TALLER LA REVOLUCION RUSA

Taller  la revolucion rusa,

LA REVOLUCION RUSA

La Revolución de octubre de 1917 fue un acontecimiento de gran relevancia que marcó significativamente la historia del siglo XX. 

A partir de ella se desarrolló el llamado “socialismo real”, que enfrentó a las democracias liberales, capitalistas, con la URSS, lo cual constituyó el fundamento de la Guerrafría (proceso ocurrido una vez terminada la Segunda Guerra Mundial)
El horizonte de la Revolución rusa no fue local o nacional, sino mundial, es decir, organizar la revolución proletaria en el planeta. Para Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) y sus camaradas, esta era un primer paso hacia la revolución mundial, una señal para todos los obreros. 
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Solo cuarenta años después de la Revolución rusa de 1917, un tercio del mundo estaba bajo regímenes que derivaban del modelo de sociedad surgido tras la Revolución, reafirmado en la Tercera Internacional Socialista de 1920, que dio origen al Partido Comunista de la URSS.

En comparación con el resto de Europa, Rusia manifestaba un gran atraso en muchos aspectos, ya que aún existía en ella una sociedad agrícola con características feudales. 

Aquello recién comenzó a preocupar al Estado a fines del siglo XIX, cuando se impulsó un plan de industrialización. 
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En el aspecto territorial, en cambio, Rusia era un gran imperio multinacional, habitado al comienzo del siglo XX por más de 125 millones de personas.
Era gobernado por una monarquía encabezada por el Zar de todas las Rusias, Nikolái Aleksándrovich Románov fue el último zar de Rusia. Nicolás II de Rusia quien se apoyaba en un amplio aparato burocrático con las características propias de un gobierno absolutista.

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En términos sociales, el 80% de la población era campesina dependiente y supeditada a una nobleza de carácter hereditario.

En 1861 se abolió la servidumbre y, con ello, el fin de una serie de tradiciones, como la obligación de los campesinos de permanecer en las tierras señoriales. 


Esto permitiría la migración campesina a las ciudades, donde lentamente se irían integrando a la actividad industrial. El campesinado ruso no disponía de medios para mejorar el trabajo de las tierras. 


Además, el aumento demográfico había disminuido la tierra disponible, ya que las mejores estaban en manos de los nobles.


Entre 1890 y 1904, se impulsa un proceso de industrialización, a partir del cual la línea férrea duplicó su extensión y, apenas cinco años después de 1895, la producción de carbón, hierro y acero también se multiplicó. 

Sin embargo, el imperio no contaba con una burguesía fuerte, y la necesidad del capital foráneo lo hacía depender de las inversiones de las potencias occidentales. 


El desarrollo industrial se concentró en Ucrania y en las dos ciudades más pobladas de Rusia: Moscú y San Petersburgo, lo que redundó en un rápido crecimiento del proletariado industrial y, por este motivo, en el inicio de un movimiento obrero urbano, comprometido con la revolución social.


Un antecedente de la gran Revolución fue el hecho de que a comienzos del siglo XX, la Rusia zarista decidió expandirse hacia el Oriente, en donde se encontró con el imperialismo japonés, frente al cual sufrió una rápida y humillante derrota. 

El malestar de la guerra se conjugó con el creciente descontento de los obreros en las zonas industriales y con las demandas de los campesinos. 
Este conjunto de causas provocó el estallido revolucionario de 1905, que constituiría el preludio de la gran transformación futura.

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En dicho contexto se iniciaron las exigencias de sufragio universal, transformación de la autocracia en una monarquía constitucional y el restablecimiento de un parlamento o Duma
Luego de varias jornadas de movilizaciones y cruentas represiones, en octubre de ese año, el Zar realizó algunas concesiones políticas que no equivalían, en ningún caso, a una real Constitución liberal-burguesa.

Por lo tanto, previo al estallido de la Revolución, el panorama político mostraba el fortalecimiento de los movimientos y partidos de inspiración revolucionaria marxista. 

Entre ellos destacaba la existencia de dos grupos socialistas que se transformaron posteriormente en irreconciliables: mencheviques y bolcheviques. 


A ambos los dividían distintas posturas frente a la organización que debía tener el partido, el programa que debían seguir y la forma de lucha que se llevaría a cabo. 


Los mencheviques eran partidarios de la revolución social, pero no descartaban su participación dentro de instancias políticas para reformar al sistema imperante, con el objeto de permitir mayor participación popular. 

Los bolcheviques, en cambio, promovían la creación de un partido centralizado y conspirativo, orientado a convertirse en vanguardia del proletariado mediante la conducción de las luchas obreras hasta la conquista del poder total. El principal líder de este sector era Lenin.

 

 

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