TALLER EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ

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EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ

Alentado por el antisemitismo que sufrían los judíos en Europa, a comienzos del siglo XX tomó fuerza el movimiento sionista, que buscaba establecer un Estado para los judíos.
La región de Palestina, entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, considerada sagrada para musulmanes, judíos y católicos, pertenecía por aquellos años al Imperio Otomano y estaba ocupada mayormente por árabes y otras comunidades musulmanas.
 Pero una fuerte inmigración judía, fomentada por las aspiraciones sionistas, comenzaba a generar resistencia entre las comunidades.
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Tras la desintegración del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, Reino Unido recibió un mandato de la Liga de Naciones para administrar el territorio de Palestina.


Pero antes y durante la guerra, los británicos habían hecho diversas promesas a los árabes y a los judíos que luego no cumplieron, entre otros motivos porque ya se habían dividido el Medio Oriente con Francia. 


Esto provocó un clima de tensión entre nacionalistas árabes y sionistas que desencadenó en enfrentamientos entre grupos paramilitares judíos y bandas árabes. Luego de la Segunda Guerra Mundialy tras el Holocausto, aumentó la presión por establecer un Estado judío. 


El plan original contemplaba la partición del territorio controlado por la potencia europea entre judíos y palestinos.

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La partición de Palestina en dos Estados


El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de Naciones Unidas votó la resolución 181 resolviendo la partición de Palestina en dos Estados.
 Aunque los judíos eran la minoría, la partición los favoreció claramente ya que les otorgó el 56 por ciento del territorio, mientras que a los árabes les fue asignado apenas un 43 por ciento. 


Tomando en cuenta la importancia de la ciudad de Jerusalén -por encontrarse en ella lugares santos para cristianos, judíos y musulmanes-, se decidió que se convirtiera en una entidad autónoma administrada por Naciones Unidas. 

Si bien el territorio asignado para un Estado judío en 1947 era menor al que pretendía el movimiento sionista desde sus comienzos, su principal dirigente, David Ben Gurion, entendió que había que aceptar la partición. 


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La creacion de un Estado Judio 


Las circunstancias históricas habían cambiado y en 1947 ya había cerca de 650 mil judíos. Ahora Naciones Unidas les otorgaba un Estado con legitimidad y reconocimiento internacional para absorber a todos los judíos que todavía estaban sufriendo las consecuencias del holocausto. 


Su sueño se convertía en realidad más allá de cómo afectara esto a la población árabe; miles de judíos salieron a las calles a festejar la decisión de Naciones Unidas.

La población árabe de Palestina se opuso de manera tajante a la partición. Era lógico que se opusieran. Consideraban que les estaban arrebatando su territorio, que Naciones Unidas no tenía ninguna autoridad para sentenciar la división y que ni siquiera los habían consultado.
Dado que eran mayoría retomaron el planteo que hicieran desde que comenzara la ocupación británica: el retiro de las tropas ocupantes y la creación de un Estado árabe. 
Por otra parte, como en el movimiento sionista varios de sus líderes ya desde la década del treinta habían explicitado su intención de expulsar a los árabes, sentían que la partición era un paso en esa dirección. 
La situación de los árabes en Palestina no era buena; venían de la gran revuelta de 1936-39 que había fracasado y el liderazgo árabe-palestino estaba fragmentado y desgastado.

El Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés) aseguró en su informe a la Asamblea General del 3 de septiembre de 1947 que los motivos para que un Estado judío se estableciera en Medio Oriente se centraban en “argumentos basados en fuentes bíblicas e históricas”, la Declaración de Balfour de 1917 en la que el gobierno británico se declara a favor de un “hogar nacional” para los judíos en Palestina y en el Mandato británico sobre Palestina.

Allí se reconoció la conexión histórica del pueblo judío con Palestina y las bases para reconstituir el Hogar Nacional Judío en dicha región. 


Tras el Holocausto nazi contra millones de judíos en Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial, creció la presión internacional para el reconocimiento de un Estado judío. 


Al no poder resolver la polarización entre el nacionalismo árabe y el sionismo, el gobierno británico llevó el problema a la ONU


El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General aprobó un plan para la partición de Palestina, que recomendaba la creación de un Estado árabe independiente y uno judío y un régimen especial para la ciudad de Jerusalén. 


El plan fue aceptado por los israelíes pero no por los árabes, que lo veían como una pérdida de su territorio. Por eso nunca se implementó.


Un día antes de que expirara el Mandato británico de Palestina, el 14 de mayo de 1948, la Agencia Judía para Israel, representante de los judíos durante el Mandato, declaró la independencia del Estado de Israel. 


Al día siguiente Israel solicitó ser miembro de Naciones Unidas, estatus que finalmente logró un año después. El 83% de los miembros actuales reconocen a Israel (160 de 192).


Los acuerdos de paz 


Tras años de atentados palestinos y asesinatos selectivos de las fuerzas de seguridad israelíes, la OLP e Israel firmarían en 1993 los acuerdos de paz de Oslo, en los que la organización palestina renunció a “la violencia y el terrorismo” y reconoció el “derecho” de Israel “a existir en paz y seguridad”, un reconocimiento que la organización islámica palestina Hamas nunca aceptó. 


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Tras los acuerdos firmados en la capital noruega fue creada la Autoridad Nacional Palestina, que representa a los palestinos ante los foros internacionales. Su presidente es elegido por voto directo y él a su vez escoge un primer ministro y a los miembros de su gabinete. 


Sus autoridades civiles y de seguridad controlan áreas urbanas (Área A según Oslo), mientras que solo sus representantes civiles -y no de seguridad- controlan áreas rurales (Área B). 


Jerusalén Oriental, considerada la capital histórica por parte de los palestinos, no está incluida en este acuerdo. Jerusalén es uno de los puntos más conflictivos entre ambas partes.


Estado palestino independiente


La demora para el establecimiento de un Estado palestino independiente, la construcción de asentamientos de colonos judíos en Cisjordania y la barrera de seguridad en torno a ese territorio -condenada por la Corte Internacional de Justicia de La Haya– han complicado el avance de un proceso de paz.


Pero éstos no son los únicos obstáculos, tal como quedó claro en el fracaso de las últimas conversaciones de paz serias entre ambos grupos que tuvieron lugar en Camp David, Estados Unidos, en el año 2000, cuando un saliente Bill Clinton no logró un acuerdo entre Arafat y el entonces primer ministro israelí, Ehud Barak


Las diferencias que parecen irreconciliables son las siguientes:


Jerusalén


Israel reclama soberanía sobre la ciudad (sagrada para judíos, musulmanes y cristianos) y asegura que es su capital tras tomar Jerusalén Oriental en 1967. Eso no es reconocido internacionalmente. Los palestinos quieren que Jerusalén Oriental sea su capital.


Fronteras y terreno


Los palestinos demandan que su futuro Estado se conforme de acuerdo a los límites previos al 4 de junio de 1967, antes del comienzo de la Guerra de los Seis Días, algo que Israel rechaza.


Asentamientos


Son viviendas, ilegales de acuerdo al derecho internacional, construidas por el gobierno israelí en los territorios ocupados por Israel tras la guerra de 1967. En Cisjordania y Jerusalén Oriental hay más de medio millón de colonos judíos.


Refugiados palestinos


Los palestinos sostienen que los refugiados (10,6 millones según la OLP, de los cuales casi la mitad están registrados en la ONU) tienen el derecho de regreso a lo que hoy es Israel, pero para Israel abrir la puerta destruiría su identidad como Estado judío.

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