FILOSOFIA IMMANUEL KANT

POLÉMICAS KANTIANAS 

La obra de Immanuel Kant tiene un carácter sistemático y abarca temas como la política y la moral en textos como “¿Qué es la Ilustración?”, además de casi la totalidad de la reflexión filosófica, desde la metafísica y la epistemología, en obras como la Crítica de la razón pura

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Es difícil ubicar a Kant en alguna de las dos corrientes –empirismo y racionalismo–. Dos polémicas podrán explicitar esta dificultad.

Primera polémica: Kant con George Berkeley. 

George Berkeley (1685-1753), filósofo británico del siglo XVIII, sostenía que el yo no era solo la única sustancia (realidad), sino que el mundo –todo lo exterior al yo– era derivado de este.

 Dicha postura, característica del idealismo psicológico, heredero del racionalismo, concibe el conocimiento como representación en el sentido de que todo lo que un objeto puede ser o es está ya en el concepto, y el este, por supuesto, está en y es del yo.

Kant, en el apartado llamado “Refutación del Idealismo” de la Crítica de la razón pura, demostrará que el yo no puede ser anterior al objeto de conocimiento, que el mundo no es una derivación o un contenido de sus estados mentales.

Para Kant, el yo es la forma que relaciona las impresiones percibidas con las categorías del entendimiento –las categorías las explicaremos más adelante–, es la forma que da unidad a una relación, para que dicha relación se pueda entender como conocimiento.

 Además, y sobre todo, para el filósofo de Königsberg el conocimiento comienza con la experiencia, de tal manera que el concepto tiene siempre una orientación empírica, una intuición que lo colma.

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Segunda polémica: Kant con Hume. 

Para la tradición sensualista el conocimiento solo puede aspirar a un carácter de probabilidad.

Por ejemplo, la ley de la causalidad, para Hume y para casi todo el empirismo, provenía de la experiencia, pues al ver repetidas veces que un fenómeno ocurre de la misma manera

–la noche sigue al día, los cuerpos tienen ciertos comportamientos habituales, las acciones crean reacciones, etc.–

Nosotros asociamos impresiones y establecemos una impresión anterior a otra y así sucesivamente. De tal manera que el yo es entendido como un “conglomerado” de percepciones. 

Ahora, aunque Kant aceptó que Hume lo “despertó del sueño dogmático” –el “sueño” como la idea no comprobada, y lo “dogmático” como lo no criticado–

El filósofo alemán no aceptaba ni que el yo solo sea una reunión de percepciones, ni que el conocimiento de la naturaleza solo pueda aspirar a un carácter probable. 

Para Kant, el conocimiento científico de la naturaleza tenía un carácter necesario, y el yo – líneas arriba ya mencionamos cómo lo entiende Kant– era una forma que “organizaba” las impresiones, las refería a conceptos de una manera necesaria y no solo probable.

Por lo anteriormente desarrollado podemos decir, de una manera lata quizás, que Kant se ubica “entre” el racionalismo y el empirismo, y tal vez esté más cercano del racionalismo por el papel que desempeña la razón en su sistema. 

Pero para entender este papel es necesario hablar de la llamada “Revolución copernicana” del conocimiento. 

Kant decía en la “Introducción” de la Crítica de la razón pura que el conocimiento –la relación entre el sujeto que conoce y el objeto que es conocido–

Antes de su revolución, se había concebido como un proceso unilateral, lo cual quería decir que el sujeto recibía la información del objeto, la organizaba y hacía una representación de este. 

El sujeto mantenía un papel pasivo, consistente en reflejar, lo mejor que pudiera, al objeto. 

Kant afirmaba que esta concepción era incorrecta, que el sujeto tenía un papel activo, el cual consistía en lo que el sujeto “ponía” en la experiencia, los aspectos bajo los cuales un fenómeno se podía entender como objeto de conocimiento.

Esto es lo que Kant entendía por “Revolución Copernicana”.

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