TALLER LA REFORMA PROTESTANTE

Taller la reforma protestante

LOS CONFLICTOS RELIGIOSOS: LA REFORMA Y CONTRARREFORMA

Durante el siglo XIV, algunos teólogos intentaron llevar a cabo reformas para que la Iglesia volviera a las prácticas de los primeros cristianos. 


Por ejemplo, John Wycliffe (1330-1384) que era filósofo y teólogo atacó la venta de indulgencias, las peregrinaciones, la veneración a los santos y la actitud inmoral de los sacerdotes.


 Asimismo, Jan Hus (1370-1415), un profesor nacido en Bohemia, predicó principios parecidos a los de Wycliffe, por lo que fue excomulgado por la Iglesia y posteriormente ejecutado en la hoguera. 

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Este tipo de críticas cobraron más relevancia con la influencia de las ideas del humanismo, basadas en una perspectiva crítica hacia las instituciones. 



Los humanistas, con conocimientos de lenguas antiguas, se abocaron al estudio de los antiguos textos religiosos como la Biblia, que lograron gran difusión gracias a la imprenta. 



También, en el interior de la Iglesia existían discusiones específicamente religiosas y doctrinales, referidas a cuestiones como la autoridad del papa, la naturaleza del pecado y el problema de la salvación. 


Casi dos siglos después de las primeras críticas, esta situación cambió, pues se llevó a cabo un drástico proceso de transformación religiosa iniciado por el fraile alemán Martín Lutero. 


El movimiento que llevó a cabo Lutero se denomina Reforma protestante y significó el quiebre de la Iglesia católica y el surgimiento de otras ramas del cristianismo bajo la denominación de protestantes, todas las cuales perduran hasta nuestro días.

Desde el siglo XIV la Iglesia católica enfrentó una crisis interna debido a las críticas que se generaron por: 


El lujo desmesurado


En esta época los miembros de la Iglesia vivían con lujos y riquezas, en medio de una población que apenas contaba con los medios para sobrevivir. 


La corrupción de las jerarquías eclesiásticas. 


Para tener más poder económico, la Iglesia vendía los cargos eclesiásticos sin importar si las personas que los compraban tenían o no apego a los principios fundantes del cristianismo. También practicaron el nepotismo, es decir, la entrega de cargos eclesiásticos a parientes. 


Su influencia en asuntos políticos. 



Los papas y sus funcionarios, en lugar de servir de guía espiritual de sus seguidores, estaban más preocupados por los asuntos políticos. 


Vigilaban y hasta autorizaban la elección de príncipes y reyes. En otras palabras, el foco espiritual no era prioridad para el clero.


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El fraile alemán Martín Lutero


El fraile alemán Martín Lutero pertenecía a la Orden de los San Agustín. Fue ordenado sacerdote en 1507 y se convirtió en profesor de Teología en la Universidad de Wittenberg, donde se dedicó a estudiar en profundidad la Biblia.


 Según sus biógrafos, un hecho que incidió en su postura crítica hacia la Iglesia fue su visita a Roma en 1512, donde observó la opulencia y la corrupción del papado y las autoridades eclesiásticas. 


El 15 de marzo de 1515, el papa León X promulgó una bula en la que se ordenaba aplicar nuevas indulgencias, una práctica bastante común en la Iglesia que consistía en que un fiel pagaba una cantidad de dinero a cambio de la salvación eterna. 


El dinero recaudado sería utilizado para financiar la construcción de la basílica de San Pedro, en Roma. 

La práctica de las indulgencias causó indignación a Lutero. Para hacer pública su oposición, en 1517 fijó en la puerta de la iglesia de Wittenberg (Alemania) sus 95 tesis en contra de la Iglesia católica. 


A diferencia de sus antecesores, Wycliffe y Hus, Lutero contó con el apoyo de nobles y príncipes alemanes que vieron en su acto de rebeldía la excusa perfecta para librarse del poder del papa y, de paso, independizarse del emperador Carlos V.
 

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El papa León X trató de persuadir a Lutero para que se retractara de las 95 tesis. Ante su negativa, el papa lo excomulgó. Sin embargo, las ideas de Lutero encontraron tierra fértil en el Sacro Imperio Romano Germánico, pues las disputas políticas y económicas en las que estaban sumergidos los diferentes reinos contribuyeron a la aceptación de los planteamientos del monje. 


La nobleza y el campesinado apoyaban, sobre todo, la confiscación de los bienes de la Iglesia; para los nobles, esta era una forma de aumentar su poder político y económico, mientras que los campesinos veían en ello una manera de liberarse del pago de diezmos.


Ante la agitación causada por los postulados luteranos, el emperador Carlos V convocó, en 1521, a la Dieta de Worms, que reunió a los siete príncipes electores y a miembros de la nobleza, con el objetivo de citar a Lutero para que se retractara de sus tesis. 

Pero, un sector importante de la nobleza lo apoyó y él defendió sus ideas. Ante su rebeldía, Carlos V lo declaró hereje, prófugo y prohibió sus escritos. 


Simultáneamente con esta disputa, el emperador estaba en guerra contra Francia y el Imperio otomano, por lo cual le era imposible frenar el avance de las ideas de Lutero, ahora transformadas en una verdadera fuerza política.

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La Reforma en Alemania 



En Alemania, los seguidores de Lutero radicalizaron su lucha. En 1525 se produjo el levantamiento de los campesinos de Renania, quienes saquearon los bienes de la Iglesia. 


La represión de los príncipes fue violenta y Lutero condenó a los rebeldes, ya que estimaba que era la única forma de restaurar la autoridad política.


 En un intento por restablecer la paz, el emperador Carlos V convocó, en 1530, a la Dieta de Augsburgo. 


En esa asamblea los luteranos presentaron la Confesión de Augsburgo, que proclamaba a la Biblia como la única fuente de fe y no los dogmas de la Iglesia ni las palabras del Papa. 

En ella se establecía que la Iglesia debía estar bajo la autoridad del Gobierno; defendía el uso del alemán en las ceremonias de culto, en vez del latín, y negaba la autoridad del Sumo Pontífice. 


El rechazo del emperador a la doctrina luterana llevó a que los príncipes protestantes se organizaran en una alianza político-militar-religiosa. 


El conflicto concluyó con la firma de la Paz de Augsburgo, en 1555, que aceptó las confiscaciones de tierras y bienes eclesiásticos por parte de la nobleza y reconoció una nueva religión cristiana. 

De esta forma se estableció el derecho a elegir entre las dos confesiones dentro del Imperio.


El anglicanismo de Enrique VIII 



En Inglaterra la ruptura con la Iglesia romana no se produjo por las ideas reformadoras de Lutero, por el contrario, Enrique VIII, rey de Inglaterra había sido declarado Fidei Defensor (Defensor de la Fe) por el Papa León X. 


Los problemas entre el rey inglés Enrique VIII y el papado se originaron a raíz del rey de anular su matrimonio con Catalina de Aragón para desposar a Ana Bolena. 


Frente a la negativa del papa, el monarca propuso la construcción de una Iglesia nacional. En 1534, Enrique VIII dictó el Acta de Supremacía, que lo convirtió en jefe de la Iglesia anglicana.


En realidad, fueron pocas las modificaciones doctrinales que se introdujeron en la nueva Iglesia. Por otra parte, se expropiaron los bienes eclesiales en beneficio de la corona inglesa, que incrementó sus arcas. 


Durante el reinado de Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y Jane Seymour, su tercera esposa, se redactó el primer Libro de Oración Común, que introducía algunos cambios, principalmente en la forma de celebrar la misa.


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La muerte prematura de Eduardo VI, a la edad de quince años, puso en el poder a María Tudor (hija de Enrique y Catalina), quien inició la restauración de la Iglesia católica romana en Inglaterra durante su reinado entre 1553 y 1558. 



Como consecuencia, los obispos anglicanos fueron perseguidos, y muchos de ellos condenados a la hoguera.


 Además, el Acta de Supremacía y el Libro de Oración Común fueron suprimidos en las islas británicas. Tras la muerte de María Tudor, en 1558, la hija de Enrique VIII y Ana Bolena, fue proclamada reina, con el nombre de Isabel I. 


De credo anglicano y profundamente antipapista, restauró el Acta de Supremacía y reinstaló la obligatoriedad del uso del Libro de Oración Común.


El puritanismo de Calvino 



Uno de los seguidores de Lutero, llamado Juan Calvino amplió la doctrina protestante, provocando un fuerte impacto social y político. 


En el ámbito político, Calvino proclamó la separación del Estado y la Iglesia (Lutero sostenía que la Iglesia debía subordinarse al Estado), mientras que en su doctrina religiosa destacó la responsabilidad que tiene cada persona en la salvación de su alma.


 El calvinismo reflejaba el espíritu laico e individualista de su creador, lo que explica en buena medida el éxito que tuvo en las ciudades, especialmente en aquellas donde la burguesía era fuerte y numerosa. 


Al no tener un carácter nacionalista, las comunidades calvinistas se multiplicaron rápidamente: hugonotes en Francia, puritanos en Inglaterra, presbiterianos en Escocia, reformados en Alemania y los Países Bajos (Holanda y Bélgica), además de grupos en Polonia, Hungría y Transilvania. 


Todos ellos fueron combatidos por los poderes públicos, tanto católicos, como luteranos y anglicanos, puesto que constituían un poderoso elemento de subversión político-social porque impulsaban las ideas republicanas de gobierno vinculadas a la organización democrática de su Iglesia.

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